lunes, 23 de diciembre de 2019

Emil

Todo está en calma, salvo mi cabeza. Tengo que concentrarme en otra cosa o voy a explotar como una de esas minas.
Y tengo mucho que hacer como para permitírmelo.

Jacky Hawkins vuelve a salir a escena, como diría mi amigo Charles. Al fin y al cabo para eso está, para hacer invencible a Jacqueline.

No quiero tener que ir a darle la noticia de las trincheras a Laforêt, pero lo hago. Dice que no es culpa mía. Se me adelanta al pensamiento y aún así va tarde. Puede que tenga razón, o puede que no, el caso es que yo no estaba allí. Ni siquiera me lo vi venir.

BOM. Así es como muere la gente. De pronto pisas algo y todo explota. Pisas donde no debías y ya no queda nada.
Pero ahora... ahora sí queda algo, ¿verdad? Sigo viva, así que la guerra, sea cual sea, no se acaba aquí.

Cojo aire. Quiero ver al muchacho, quizás sentir que cuido de alguien. No lo sé.

Lo han metido en una habitación, a oscuras y atado, como estaba. No puede ser. Así no vamos a ayudarle en nada, y además si queremos que confíe en nosotros desde luego no es el camino.
Le digo a Curie que yo me hago cargo y le saco de allí.

No habla mucho, no se fía nada. Está algo más centrado que la primera vez que le vi. Tiene los ojos llenos de dudas, y es normal. Dice que no recuerda nada. No sé qué haría yo si un buen día no recordase quién soy. Tiene que ser horrible.

Le digo que podemos salir fuera y me mira como si le hubiera mentido a la cara y se hubiera dado cuenta. Pero que no es mentira, porras, que podemos salir.
Me lo llevo al exterior y coge aire como si sintiera que es la última vez que va a poder hacerlo.

"¿Qué vais a hacer conmigo?"

No sé qué responderle, porque no sé realmente qué hacen los Raritos con los prisioneros, ni si él lo es, ni quién es, ni nada. Todo lo que tengo claro es que quiero ayudarle, y que lo haré hasta donde pueda.

¿Por qué? Y yo qué narices sé.

No recuerda nada de quién es, pero dice que no tiene algunos pensamientos demasiado... puros y bonitos. No importa tanto quien hayas sido como quien quieras ser. Pero lo primero de todo es ayudarte a recordar, Emil. Seas de los buenos, de los malos, o de donde diablos seas, nadie se merece pasearse por ahí sin saber quién es.

Le digo que no es necesario que duerma abajo, en la oscuridad, que hay una habitación para él. Es mentira, le dejo la mía, pero nadie tiene por qué saberlo. Le he dicho también a Doyle que yo me ocupo de él y me ha dicho que adelante, así que...
Emil no pone resistencia a dormir en una cama, con una ventana y sin estar atado. Normal.

Aun así no soy del todo (del todo) idiota, así que decido ponerme a los pies de la ventana, desde donde también pueda controlar la puerta. Por si le da por fugarse o armar algún estropicio. Desde aquí controlo todo a la perfección y en el silencio de la noche seguro que le escucho si hace el más mínimo ruido.

Cojo aire ahora yo. ¿De qué va todo esto realmente? ¿quién demonios es Emil, si es que se llama así? A mi cabeza vuelve la nieve llena de sangre. Aprieto mucho los ojos a ver si así se marcha.

La voz de Charles me espabila. Desde que volvimos de la casa de Méliès me mira distinto. Pero no es malo, de hecho, diría que es algo bueno. Se acerca a mí y me da una manta. Le cuento lo que hago aquí abajo y me mira con cara de "estás loco, Jack", pero no me discute.

Espero que haya visto la enorme luna de cartón que le dejé en su cuarto. Para él parecía importante. Seguro que ver lunas y estrellas ayuda a soñar cosas bonitas.

Le digo que no se preocupe y me responde que si necesito algo sé dónde encontrarlo. Me cae bien. Supongo que es algo más que un actor presumido y pretencioso. Qué idiota fui intentando pensar rápido sobre alguien con ojos de niño que se esconde tras un bigote de adulto.

No es el único que aparece. Amelia también se asoma. Acaba de llegar de misión. Me pregunta que cómo estoy, y también por Ernest, claro. Siempre pregunta por él, pero está haciendo bien lo de ignorarle. Sigue así y al menos habrás cambiado de estrategia, que ya es un paso. Además, Ernest le hace más caso desde que ella no lo hace. Así es la vida, amigos.

La mañana siguiente llega y yo debería dormir algo, así que me echo un par de horas, poco más. Luego vuelta a los problemas. Emil ha tenido el mismo sueño que yo, con el bicho del palo. Una especie de demonio de colores con plumas que decidió colarse en mis sueños y hablar conmigo sin pedirme permiso. Al parecer también lo ha hecho con él. No solo eso, sino que el palo ha ido hasta su mano.

¿Qué es lo que nos conecta? ¿por qué...?

Hablo con Doyle y me dice que Curie podría ayudarle a recordar con una máquina suya de esas raras. No me parece el mejor plan pero no tengo otro, y si Doyle se fía de ella... pues debería hacerlo yo también, ¿no?
Se lo propongo a Emil y me pone cara de que le hubieran restregado una boñiga de Margarite por los morros, pero llega a la misma conclusión que yo: no hay otro plan mejor.

Curie dice que deberíamos atarlo a la silla, porque se va a llevar un calambrazo. Lo de que le aten le hace menos gracia todavía que lo anterior, pero le voy pidiendo permiso y lo hago poco a poco. No parece tranquilo, pero creo que una parte de él se fía de mí. No tengo cara de mala persona y no mido una cuarta. Debe ser por eso.

Y se hace la magia. La señora Curie le pega un calambrazo que medio lo achicharra. Intento no gritar para que no se vuelva todo aun más loco, pero... ¿qué le pasa a esta mujer en la cabeza? ¡lo va a convertir en un churrasco! Su cara es de una tranquilidad pasmosa y me dice que todo ha ido bien cuando terminamos.

Está como un cencerro.

Pasan unas horas hasta que Emil despierta y para entonces ya le he desatado, no quiero que se asuste más de la cuenta. Mira a Curie como si quisiera asesinarla. Pero de verdad, no de broma. Le propongo salir de allí.
Me dice que no tiene recuerdos claros de nada, solo una niebla que intenta disiparse. Parece que va a pasar otra noche más con nosotros así que me lo llevo al comedor. ¿Es que no sonríes nunca o qué?
No te va a quedar más remedio que hacerlo, Emil...

Come más que veinte hombres juntos. No sé si es que la máquina achicharra-cerebros provoca hambre o qué, pero entre la comida y algún que otro comentario más que ingenioso por mi parte consigo que tenga que contener la risa un par de veces. Se ha empeñado en parecer duro.

Lo dejo de vuelta en su habitación, que es la mía, y de camino me cruzo con Ernest. Tiene una cara de enfado y desaprobación absoluta. Me pregunta que si estoy seguro de lo que estoy haciendo. Le respondo que no, pero que confíe en mí. No le hace maldita gracia, no se esfuerza en disimularlo, pero no me dice nada más y se aleja mascullando en voz baja.

Suspiro. Es el momento de volver al exterior. Puede que nuestro amigo recobre la memoria y descubra que es uno de los malos, y la verdad es que no quiero que le de por matar a nadie, pero creo que la mejor forma de evitarlo no es presionándole.

En algún momento caigo dormida. Me despierto en un lugar... extraño. Es un abismo negro, no hay eco. No hay nadie m... ¿EMIL? ¿qué haces aquí? ¿por qué estoy soñando con Emil?
Hablo con él. Si es un sueño es muy lúcido. Ninguno de los dos tenemos claro que lo sea. Es como si... como si estuviéramos en un vacío, en un espacio que está en ningún lugar entre la mente de los dos. Es muy extraño, y a la vez no tengo miedo, aunque quizás debería.

Hablamos durante mucho rato. Me dice que cree que no es de los buenos, que tiene pensamientos que no son buenos. No sé cómo llegamos a la conclusión de que estamos en su cabeza y en la mía al mismo tiempo, ¡así que otra magnífica idea de Jacky Hawkins acude al rescate!

"¿Y si intento buscar tus recuerdos ahora que estoy en tu cabeza?"

No le hace ninguna gracia, pero es que a este tipo no hay nada que le haga gracia. Aunque también es normal, claro. En cualquier caso accede. Allí está el palo, con nosotros. Le pongo el palo en la cabeza. Si esto nos conecta quizás...
WOW. Veo una casa, un lago, huele bien, a comida... veo... ¿su hogar?
Salgo de allí cuando llevo algo de rato.
Tienes padres, Emil, o los tenías.

Quiere que nos vayamos de aquí. Sea donde sea aquí.
Lo entiendo, a mí tampoco me gustaría que hurgasen en mi cabeza. Además hay alguna que otra cosa que no sería bonito que descubrieran.

Le doy otra vez con el palo en la cabeza, pero esta vez con pensamiento de salir.
La magia vuelve a hacerse. Ya está amaneciendo.

En el exterior, uno de los enormes árboles está ennegrecido, como si se hubiera carbonizado. Emil aparece a mi espalda y me dice que ha sido él. Me enseña el palo. No sé si lo entiendo, pero es evidente que estamos conectados de alguna manera. 

Hablamos un montón. Al final le digo que en realidad si quiere puede irse.
Sé que se lo piensa, aunque finja medio bien. 

Cualquiera querría salir allí a saber quién es. Y él ahora tiene familia. Yo haría lo mismo. Quiero pensar que, en realidad, estoy haciendo lo mismo aunque tenga la sensación de estar con el trasero clavado en el suelo sin moverme.

Le estrecho la mano. Volveremos a vernos, Emil. Los dos lo sabemos.

Se aleja a paso lento sin mirar atrás y yo devuelvo la vista al árbol y lo toco con el palo. Le hablo al bicho raro emplumado que se supone que está dentro. 
El árbol se desmorona, pero creo que me está comprendiendo. 

Me agacho. Entre la ceniza hay un pequeño brote. Renace. 

Así debemos ser todos. Como este árbol. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario