domingo, 15 de diciembre de 2019

Todo está en guerra

Charles sigue histérico. Espero que cuando haga eso de subirse al escenario no se ponga tan nervioso, porque si no su carrera va a ser un fracaso. Lo van a llamar "Charles-Tembleque-Chaplin". Suena ridículo, pero yo solo sé poner nombres a las gallinas. 

De camino me lo explica todo una vez más. Como si hubiera mucho que explicar. Podría resumirse en "eh, está pasando algo raro, o eso creemos, pero no sabemos ni por dónde empezar". Pues genial, nada como un ratón para meterse en esas madrigueras, ¿verdad?

Se suponía que esto iba a ser un palacio pero... ¿qué ha pasado aquí? Parece que se han caído todos los rayos de la tormenta encima de este sitio. La casa podría ser un palacio, pero solo es un amasijo gigante de hierro y cristal. Entramos y una silueta se nos acerca. Parece que flota. No me gusta, me da mala espina. 

No es que yo sea muy lista, pero tengo algo de instinto (si no, ¿de qué seguiría viva?) y efectivamente nuestro primer anfitrión es un muñeco. Un muñeco muy bien hecho, pero que pone los pelos de punta. Toda esa sala está llena de muñecos. Nos miran con los ojos muy fijos, llenos de pestañas rígidas y con sus pupilas brillantes a la luz. Es... es diabólico. Un escalofrío me recorre toda la espalda. No me va a gustar esta misión. 

A Charles le cambia la sonrisa y la pose. Aquí llega el anfitrión de verdad, el señor Méliès. Es un tipo raro, pero muy, muy raro. Tan amable que no me da buena espina. Nos invita a pasar y nos instalamos en una habitación con más goteras que una trinchera después de unas semanas. 
Como hay que empezar a buscar (no sé bien qué), me ofrezco a arreglarle las goteras, para que no tenga que disculparse con los demás invitados. Parece agradecido, mucho, otra vez. De todos modos a mí me da igual, yo eso de hablar y adular no es mi punto fuerte así que dejo a Charles con él y yo me dedico a lo mío: rebuscar. 

Definitivamente el techo está hecho un destrozo. Nada que Jacky Hawkins no pueda arreglar, claro. Lo dejo como nuevo. Como nuevo después de trescientos años, más o menos, pero oye, lo importante es que ya nadie se mojará. En el camino... descubro alguna que otra cosa. La que más llama mi atención es una puerta. Está en la habitación contigua, donde hay un colchón tirado en el suelo y un montacargas. La puerta no se abre ni de broma. Me falta pedírselo por favor, pero se ve que aquí la educación tiene poco que decir. 
Escucho pasos así que corro a esconderme. En el montacargas, claro, parece un buen sitio. Trepo un pelín con la espalda y las piernas por el conducto y listo. Tendrían que asomarse y mirar a la chimenea para verme. 

Entra alguien, supongo que es Méliès. Escucho más voces abajo, deben de haber llegado los demás invitados. Quien sea se para en la habitación y dice un nombre en voz muy baja: Eugènie. 
Luego escucho algo pesado arrastrar. Dos veces. Y todo se queda en silencio.

Me asomo y sonrío. De modo que esa puerta tiene contraseña, ¿eh? Le guiño un ojo a la nada. Ya volveré, espérame, misterio por resolver. 
Hemingway estaría emocionadísimo. ¿Un peligro? Allá correría él, conmigo. 

Salgo por patas de allí y bajo las escaleras. Me ajusto el traje, o lo que sea esto, y pongo mi mejor sonrisa. Charles me crucifica con la mirada al verme llegar tarde delante de su querida Marion... Oh, espera, ¿no lo he dicho? Cuando me ha pasado los informes tenía a todos los invitados, pero había un par de anotaciones SOLO en el de Marion Davies. Qué casualidad. Yo no soy muy lista, pero su voz suave hablando con ella le delata. Le gusta la señorita Davies. Madre mía que si le gusta. Sonríe como una vaca. 

Me presentan al resto, un tal Max Linder y una tal Ruth Roland. Soy la mosca en la leche. No encajo en absoluto con esta gente. Suspiro y sonrío. Esto es un trabajo, Jacky, deja de protestar.

Nuestro anfitrión se vuelve a reunir con nosotros y nos dice que tenemos un rato de... esparcimiento, antes de la cena. Esto es más raro... realmente no me importa, me las apaño para ausentarme. Ahora sí que tengo un sitio al que ir. ¡Puerta misteriosa, allá voy! 

Digo el nombre en voz bajita una vez estoy delante, y como si fuera un pasadizo secreto se abre ante mis narices. Wow... es alucinante. Unas escaleras larguísimas y oscuras se pierden hacia abajo, como si hubiera muchas plantas bajo la casa. Cojo un pequeño candil y comienzo a bajar. Sin hacer ruido, como siempre. Por eso estoy aquí. 
Hace frío aquí abajo, y si no fuera por la luz que llevo no vería absolutamente nada. Me pregunto dónde llevarán las escaleras cuando de pronto descubro puertas. Oh, no. Puertas simplemente no. Puertas con barrotes. Puertas de celdas. 
¿Qué demonios pasa aquí? 

Voy pegando una por una y, para mi sorpresa y espanto, escucho una voz dentro de una de las habitaciones. Abro la puerta y entro a una oscuridad todavía más negra. Me acerco y descubro una camilla. Huele a humedad y a alguien le castañetean los dientes. En la camilla, atado y con los ojos vendados hay un muchacho. Cojo aire. Pregunta si hay alguien ahí. 
Algo muy raro se apodera de mí. Quiero sacarlo de ahí a toda costa, no le conozco, pero la voz le tiembla de una manera que me pone furiosa que esté atado, solo, a oscuras. 

Le digo cómo me llamo, le digo que volveré a por él, pero que tiene que esperarme. Dice que no le deje a oscuras. La oscuridad es tuya, Emil. Emil... así se llama el pobre desgraciado. 

"La oscuridad es tuya, cierra los ojos y la estarás creando tú, y allí ella no puede hacerte nada, porque te pertenece".

Le aprieto las manos y me muerdo la rabia. Le dejo de nuevo allí, solo y en silencio, murmurando en voz muy baja "la oscuridad es mía". 

Méliès, no sé quién eres, pero alguien debería darte una paliza. 

Bajo a cenar con todos y Charles está tan atontado con la señorita Davies que me resulta imposible hacer que se dé cuenta de que aquí hay gato encerrado, de que su querido director de cine más que hacer cosas de la luna es un maldito lunático. Así que nada, cenamos y todo normal, sonrisas y conversaciones. Yo salgo del paso como puedo, mi querido Chaplin no hace más que hablar de él a la chica guapa. Pero Charlie... deja de hablar de ti y pregúntale por ella... De verdad, que yo de amores no entiendo nada, pero es que eso es como básico, ¿no? 

Mientras cenamos hay otra cosa que me llama la atención, y es que el señor Méliès no come. NADA. No... pero nada, ¿eh? Es que ni prueba el agua. O nos está envenenando o aquí pasa algo raro...
¿Y si...? No, ¿qué dices Jacky...? Estás tonta, no puede ser. No existen los muñecos tan grandes.

Aaaaaham... genial. Por si fuera ya todo poco retorcido se va la luz. Nuestro anfitrión dice que irá a arreglarla y yo aprovecho la oscuridad y mi poca participación en la charla de la cena para seguirle. 
Fantástico, justo mi lugar favorito de la casa... la caminata me lleva al sitio ese lleno de muñecos, todos mirándome. Cuando me vengo a dar cuenta Méliès ha activado de nuevo el generador y vuelve a haber luz.

Oh, genial, se ha hecho la magia y Jacky no está de vuelta. Tendré que inventarme algo. Corro hasta el piso superior, salgo fuera de la casa y me meto dos dedos en la garganta. ¿Por qué si no iba a haber salido? Claramente me debe haber sentado mal algo y he salido a buscar el retrete para vomitar, y al no encontrarlo... pues lo he hecho fuera. Prefiero ponerlo todo perdido que levantar sospechas, y no se me ocurre nada mejor. ¡Oye! Puedo pensar rápido, pero no me pidas un plan muy elaborado, que no soy Doyle. 

Parece que medio cuela mi excusa cuando me encuentran, aunque Charles me mira con cara de querer estrangularme. No se entera de nada. 

Ya no sé quién está en este ajo. ¿Solo nuestro anfitrión? No sé si creérmelo. 
Por cierto, propone un brindis. Genial, un brindis. Ni de broma voy a beber nada, y menos si él mismo no bebe. Pero nada, toooooodos dan un largo trago. Charles incluido. Mierda. 

Yo me mojo los labios mientras me miran, para disimular, y tiro el resto.

Empiezo a escuchar golpes de cabezazos en la mesa. Como suponía, nos están envenenando. Espero que no estén muert... oh, no, no... yo también me estoy mareando. ¡Venga ya! ¡Si solo me he mojado los labios! Aprovecho el mareo para hacerme la dormida, o la muerta, o lo que sea.

El señor Linder habla. Para mi sorpresa le pregunta a Méliès que qué van a hacer con nosotros. Sabía que no estaba solo. Maldición. ¿Y ahora qué? 

Comienzan a llevarse a mis compañeros a rastras, creo que sé hacia dónde. Fue una de las pocas cosas que me dijo Emil, que Méliès se lo había quitado todo. Que no recordaba nada. 
No puedo dejar que pase eso. Pero qué mareo, demonios...
Espero a que me dejen sola, pensando que estoy sopa como el resto, mientras arrastran a Charles. Me levanto como puedo, pegándome a las paredes y me quito de en medio. Necesito esconderme hasta ser capaz por lo menos de centrar la vista. Todo me da vueltas. Me tiemblan las piernas. 

No sé cómo lo hago para llegar hasta el montacargas pero hago lo mismo de la otra vez y me escondo allí. Necesito tiempo, y no tengo tiempo. Reconozco que tengo algo de miedo, ¡pero es porque apenas me tengo en pie!

Les escucho salir de la habitación secreta, bajar y discutir. Gritan, me llaman. No pienso salir, a palabras necias... 
Pero entonces amenazan con hacerle daño a Charles, y ahí es donde meten la pata hasta el fondo. ¿Quieren Jacky? La tendrán. 

Cojo al palo, que viene conmigo. Le prometí a Curie que no lo usaría si no fuera necesario, pero es que ahora mismo me parece bastante necesario, así que salgo y me escondo. Les espero en una buena esquina. Nadie ve al ratón. Todos pisan la mina. Ahora yo soy la mina y el ratón a la vez. Un par de golpes con el palo bastan para lanzar a Linder por la ventana y hundir a nuestro anfitrión en el suelo hasta Dios sabe qué planta. Todo se queda en calma. Por suerte. Aún estoy como borracha.
Charles está aturdido, pero parece más despierto que yo. Se ve que lo han espabilado para darle el paseíto en mi busca. 

Bajamos al sótano del terror y sacamos a las señoritas amigas de Charles, y también a Emil. Ninguno está del todo consciente. Emil balbucea. Sigue con aquella cantinela con la que le dejé. Hay algo en él que me da pena. Es como si tuviera que cuidar de él. No sé, es muy extraño. 

Llamamos a la Curie-ambulancia y Charles se lleva a todos los rescatados. Yo le digo que me quedaré para buscar si nos hemos dejado algo más. Ya estoy algo mejor. Algo. 

Antes de irse se despide de Méliès, de Linder. Se despide de ellos y se saluda con la decepción. Algo ha cambiado en mi compañero esta noche. 

No descubro gran cosa, solo unos papeles de los tipos del Rasputín ese. Los lleva encima Linder. Nuestro anfitrión... supongo que si que hay muñecos tan grandes. No es más que otro de esos cacharros, solo que no sé por qué tipo de magia o lo que sea, este estaba muy vivo. 
No me gusta matar. No me gusta, y en un segundo han caído dos hombres a mis manos.

Respiro. Es la guerra, ¿verdad Jacqueline? Sacudo la cabeza. Jacky. Es Jacky. 

La guerra... recibo una llamada de Doyle. Al parecer algo ha ocurrido en el lugar de mi trinchera, donde estaba mi posición. Donde debería estar yo.
Ernest me recoge en la petit-curie y salimos corriendo hasta allí.

Barro. Sangre. Muerte. Silencio. Todo mezclado. El desastre habitual lo es mucho más. Niego con la cabeza sin parar mientras busco entre el caos de cuerpos y destrucción a alguien que siga con vida. 
Yo tendría que haber estado aquí. 
No queda nadie. 
¿Dónde está Dugarry? Corro a la enfermería temiéndome lo peor. 
Solo hay una buena noticia: Etiène, nuestro médico, sigue con vida. 
Está horrorizado, traumatizado. Habla de gente extraña que no moría, o se desvanecía, de gente que vino y mató a todo el mundo, que hicieron un baño de sangre. Que se llevaron a mi amigo.

Me querían a mí. O al maldito palo. Me da igual. El caso es que era a mí a quien buscaban y solo han dejado muerte a su paso. 

Y yo no estaba aquí.

¿Dónde estabas cuando te necesitaban aquellos a los que prometiste cuidar? 
Jugando a algo más fácil, ¿verdad? Porque en el fondo, y tú lo sabes, la trinchera y los tiros te están vaciando de lágrimas los ojos. 

¿Dónde demonios estabas, Jacky? ¿o es Jacqueline?

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