jueves, 12 de septiembre de 2019

HH21 - Primera parte

Pues ya está, tenemos misión.

Hemingway parece emocionado. No, no lo parece, lo está, como un niño con zapatos nuevos. Se ve que lo de entrar de cabeza en la trampa le ha gustado. 

Vamos a hacernos pasar por alemanes, a presentar un papelito en el banco y luego a ver qué pasa.

Nos ponemos incluso nombres falsos. Ahora tengo dos nombres falsos. Bueno, uno medio falso.


Caminamos hacia el banco y se pone a hablarme de mujeres. ¿Qué les pasa a todos? Habla sin parar del amor... no, del amor no, de hacer el amor con una mujer. No sé si es que los hombres no piensan en nada más, pero Ernest habla de eso como si estuviera leyéndome poesía en voz alta.

Parece verdaderamente fascinado, no sé si por lo que cuenta o por escucharse a sí mismo, pero me hace gracia. 

Me pregunta si he estado con una mujer, y cuando le respondo que no me dice que me tiene que llevar a un sitio. Debería presentarle a Dugarry, algo me dice que harían buenas migas. 

Llegamos al banco y entro primero. Ya veo un par de cosas que no me huelen bien. Una mujer nerviosa mira a todas partes y cuando Ernest entra le dirijo a ella. Nos lleva aparte. Empieza la trampa. 


Preparados, listos, ya. Le pongo los dedos en modo pistola en el costado para que me cuente un par de cosas, y le falta cantar. La policía francesa quería que el banco les avisase cuando el "espía" con el nombre falso de Ernest se presentase allí.

Dejamos que la mujer se vaya y mi compañero se arremanga y sonríe. Vemos acercarse los guardias, pero seguimos hablando, como si nada. De alguna manera, después de haber visto una ametralladora a escasos metros de mi cara, un puñado de guardias grandotes en mitad de un pasillo me dan risa. Me parece hasta emocionante y divertido. Y por lo que veo a Hemingway también.

Empieza el baile de tortas y Ernest es un camarero implacable. Lo dejo a lo suyo haciendo volar gente y poniendo poses de combate y yo busco al cabecilla. 

Siempre hay un cabecilla. 
No tardo en dar con él, es que se colocan siempre en la misma posición, se mueven similar... 

Le pongo el cañón del arma, esta vez la de verdad, en la espalda, y le animo a que me acompañe. Ernest sigue a lo suyo, no se aburre, pero cada vez le quedan menos. 


Clemont, se llama el tipo, el pobre está asustado y no entiende nada. Me cuenta que tienen que arrestar a "Ernest", y le sugiero que me arreste a mí y me lleve a comisaría, y así sabré quién está detrás de estas órdenes. No tengo claro si le parece bien o es que está desconcertado, pero acepta.


Le digo a mi compañero que coja a tres de los hombres de Clemont, tres "voluntarios" que se queden como rehenes, por aquello de poder asegurarme mi salida sana y salva de comisaría.


Algo me dice que aún así la cosa se va a poner tensa, pero cuando me meten en el coche de policía y me esposan yo solo puedo contemplar las calles de París como la maravilla que son, e imaginarla de noche, adornada con cientos de luces reflejadas sobre el río.

No hay comentarios:

Publicar un comentario